MARGARITA GARCIA FAURE

Gigante
2003-07.





Puntillosa puntillista

por Victoria Verlichak, Galería Rubbers, Buenos Aires, 2007

Margarita Garcia Faure pinta punto tras punto para construir una obra que combina modos del alma y experiencias sensoriales, asomándose a la región de los sueños. Por la cadencia de su pintura, por momentos, sus obras aparecen reproduciendo las variaciones de las estrellas en matices irreales. Silenciosa e insistente, la artista crea trampas para el ojo en donde el color es la preocupación primera. Plasma miles de pecas, lada a lado o superpuestas, para lograr la delicada vibración que posee en estas pinturas sensibles. La luz realza la oscilación de los torbellinos ascendentes y cascadas descendentes de las mínimas formas, traduciendo una sinfonía de pasiones y entonaciones que florecen en las composiciones.

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2d

por María Spinelli, Centro Cultural España, Rosario, 2005

"Fundado a base de contradicciones, el universo de Margarita Garcia Faure es el caos obtenido mediante la acumulación y superposición del orden. Sus obras sugieren una meticulosa traducción al código morse de pinturas gestuales. O, a la inversa, la construcción, a partir de minuciosos quantos de color, de un cosmos vibrante, desmesurado e intuitivo. Son grafismos de dimensiones titánicas pero también son pinturas de lo infinitamente pequeño. Las superficies de sus telas se disuelven en una suspensión de color-luz que va generando texturas y transparencias. Como en una frenética pintura puntillista, la mezcla óptica genera planos abstractos donde la intensidad cromática es mayor que cualquiera que pudiese haber soñado Signac. Con un efecto semejante al de los Brushstrokes de Linchenstein, las pinturas de Garcia Faure subvierten la inmediatez expresiva del gesto. En Waterlilies mediante la repetición de una acción mecánica, el tiempo instantáneo del dibujo se ralentiza hasta casi detenerse, porque entre dos puntos siempre puede haber otro."

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Punto

por Hugo Petruchanky, Exposición Gigante, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2004

Punto. (del lat. Punnctum)m. Señal de dimensiones pequeñas, ordinariamente circular, que, por contraste de color o de relieve, es perceptible en una superficie.

Sabemos que las imágenes del mundo del arte pertenecen al mundo y cuando se crean nuevas amplían y aumentan lo existente.

La estética llama innovación creativa a este proceso de incremento de nuevas imágenes o palabras que solo se puede lograr a través del uso de ciertos lenguajes específicos como son los colores, los sonidos, los gestos, las palabras, etc. Cada artista escoge e incorpora a su repertorio de ideas los materiales, herramientas o imágenes que están disponibles y así comienza a crear. Si nace una palabra nueva, se amplió el mundo. Ese es el desafío que tiene que enfrentar el artista. Crear una nueva palabra para que ingrese con su originalidad y singularidad al mundo.

Allí se encuentra la innovación creativa. Niestche constató, aludiendo a la realidad propia de una obra de arte, que forma parte de de su magnitud, el poder ser siempre “pensada e interpretada de otra manera” …Quien contempla con atención las obras de Margarita Garcia Faure, y esta capacitado para reflexionar sobre su estado estético advertirá que ellas se distinguen, diferencian y son auténticas obras disponibles para ingresar como nuevas palabras al mundo.

Para M.G.Faure su unidad es el punto, que es centro de su sutil trabajo, ella apela continuamente a nuestra capacidad perceptiva y a nuestra memoria. El punto fue teoría científica y doctrina subversiva en los Divisionistas como Seurat o Signac. Picasso y los cubistas lo utilizaron para poner orden a sus expresivas y vehementes pinceladas, Kandinsky lo trató teóricamente exaltando su riqueza y problemática formal en un texto del año 26 Punto y línea frente el plano, estudiándolo desde la exterioridad del signo y la interioridad de la significación. El pop, con Linchenstein, lo llevó de su máxima abstracción a la representación mas banal.

Hoy Garcia Faure ha metabolizado todos los ejemplos y teorías disponibles y en sus óleos, en los que los puntos son figura y forma, van diagramando múltiples estrategias visuales.

Sobre fondos de colores vibrantes elegidos azarosamente, sus primeras obras con puntos comenzaron a desarrollarse como un trabajo in continuom, seguir la trama que iban dibujando sus puntos, entreteniéndose y perdiéndose con ellos en sus hacer, dejándolos que formaran arbitrarias e ingrávidas constelaciones que se apoderaban del venerado fondo y entablaban así un diálogo entre la figura formada de color debidamente pensado y delicadamente trabajado con el contrastado fondo.

Luego los puntos describieron líneas como las que hacen las hormigas, trazando caprichosos recorridos ya cada tanto aparecieron grandes círculos como si los puntos se agrandaran, se hicieran gigantes. Pinturas de luminosidad y climas que recuerdan a estructuras topográfiacas, de líneas delimitadas que dibujan abstracciones imaginarias.

En las obras mas recientes los puntos describen grandes formas de colores que inundan la superficie, leídas como si fueran brochazos de pintura, de diferentes colores, colocados con violencia y de lectura netamente gestual.

Es que en el trabajo de M.G.F. hay fundamentalmente dos momentos que responden a la observación del trabajo y dependen de donde nos situemos para ver la obra. Cerca de ella adivinamos los puntos, seguimos sus intrincados recorridos, adivinamos la carga sutil de materia, la lentitud de su trabajo, la precisión del toque y los dibujos que ellos describen y desde lejos el lugar desde el cual vemos el todo, entendemos el concepto: grandes manchas que sabemos que están hechas lentamente de medidos puntos pero que parecen brutales pinceladas que inundan la tela.

Estas nervaduras puntuales recogen todas las experiencias, todos los gestos, todas las formas, reveladoras de las infinitas libertades de la que está hecha esta artista.

Toda obra auténtica tiene siempre una diferencia con las otras obras de arte, no solamente es su composición intelectual o técnica si no, fundamentalmente, lo que la hace obra de arte: proponernos encontrar las diferencias. He ahí el desafío.

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Superficies

por Patricia Rizzo, Exposición Gigante, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 2004

Sentido clásico, estructuras delicadas, son factores constantes en el trabajo de MGF, que ha desarrollado un repertorio temático basado en escenificaciones inciertas, enigmáticos patrones visuales.

Meticulosas, cuidadas, sus composiciones penetran el ámbito de lo onírico, con los colores y variaciones de subidos contrastes que no remiten a patrones específicos o reconocibles.

Alejadas de la representación, sus pinturas se revelan envolventes en una atmósfera de tenue y excéntrica sensibilidad.

Las acciones sugeridas a modo de ilustración –mediante tendencias seriales, tópicos repetitivos-, se detienen en el deleite de las texturas utilizando como tema inclusive, la materia misma.

A través de una forma de trabajo que se vincula con lo meditativo, obsesivo, concentrado e introspectivo, se conecta con la celebración del placer implícito en el mismo hacer de la pintura.

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