MARGARITA GARCIA FAURE


2010-11.





El intento de pintar lo inaprensible

Entrevista a Margarita Garcia Faure, Museo Emilio Caraffa, Córdoba 2012.

Medio autodidacta, medio académica. Margarita Garcia Faure, reúne las características propias del artista inquieto que se vale de una diversidad disciplinar que sustenta y afianza el trabajo.

Su formación artística, al igual que su vínculo con el arte, fue decantando progresivamente, en lo que la artista sintetiza como “un devenir”, a partir de un comienzo escultórico basado en un estudio volumétrico de las formas, al tiempo que el óleo irrumpió y se convirtió en el elemento que le facilitó ingresar la mundo pictórico a través del punto y las manchas, elementos que hoy componen mayoritariamente el cuerpo de su obra.

Acarrea una solemnidad inherente, orgánica y brumosa. Se podría traducir en la misma acción de mirar un cielo o un paisaje pero desdibujado en el lienzo.

Garcia Faure mantiene una cercana relación con la naturaleza y sus modificaciones, a veces imperceptibles. Ahí va ella. A esos estados intermedios, de cambio y variación.

La artista conversó con el Museo sobre su muestra “Inmenso” que se podrá visitar hasta el 06 de diciembre, y profundizó algunas ideas sobre su obra:

- ¿Cuál es tu formación?

Estudié de manera independiente artes visuales con el artista Sergio Bazán y con los historiadores Hugo Petruchansky y Valeria Gonzalez. En los últimos dos años asistí al taller de cine experimental con el cineasta Claudio Caldini. A nivel formal estudié el profesorado de escultura en la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón”.

Paralelamente a mi formación pictórica, he estudiado danza y he viajado mucho recorriendo museos y conociendo artistas.

- ¿Qué te impulsó a dedicarte al arte?

Siempre estuve cerca del arte. Desde muy chica y en algún momento decidí que toda mi energía estaría volcada a la producción artística. Creo que fue la necesidad de crear imágenes, la necesidad de poder decir algo de manera particular y tener siempre un desafío por delante.

- ¿Qué etapas o estadíos podés establecer a lo largo de tu carrera? ¿Detectás continuidades o irrupciones a lo largo de tu carrera?

Comencé pintando volúmenes, en ese entonces estudiaba escultura y la observación de las formas infladas era algo que me atraía mucho. Luego profundizando mi relación con el óleo, empecé a pintar fondos de colorees muy intensos sobre los que dibujaba con pinceles finitos formas derivadas de aquellos volúmenes iniciales. En algún momento esas líneas se desintegraron y comencé a pintar grandes manchas hechas de diminutos puntos. Estos puntos me acompañaron largos años, mientras me dedicaba a investigar con mucho entusiasmo las diferentes vibraciones del color, la descomposición de las formas, las formas compositivas del expresionismo, hasta que pinté el Río Paraná sobre una gran tela de diez metros y los puntos comenzaron a desaparecer dentro de la tela. Luego aparecieron vidrios pintados en diálogo con esas las telas.

Hace unos dos años, entraron en escena el dorado y el plateado junto al estudio del movimiento pictórico y desde allí el intento por captar las formas que la naturaleza crea y rompe a cada instante. El intento de pintar lo inaprensible. Ahora las telas se arrugan, y poco a poco voy volviendo a dialogar con la escultura, con los volúmenes en el espacio.

Al leer lo que escribo creo que podría decir que mi proceso no ha habido grandes irrupciones, mas bien ha sido un devenir, donde cada trabajo me ha llevado al siguiente y así y así.

- Existe una constante relación entre tu obra y los elementos y manifestaciones de la naturaleza, el aire y el agua, la lluvia y el viento, ¿podés explicar ese vínculo? Esa relación, ¿tiene una búsqueda particular que la subyace?

Creo que mi mayor interés está en la percepción de lo sutil, en lo que existe por un instante antes de pasar a ser otra cosa. En el instante en el que una mancha de pintura fresca tiene una forma particular y luego ya puede ser otra. En la naturaleza eso lo vemos todo el tiempo, nada es igual en el transcurso de las horas, todo cambia. Sólo es una cuestión de velocidades.

En el mar, en el aire, esos cambios son muy veloces y ahí es donde me interesa el juego de congelar las formas en un intento de pintar lo `impintable´.

- ¿Es posible definir una búsqueda estética y poética en tu trabajo?

Supongo que sí, me es un poco difícil definirla. Puedo decir que siempre estoy en diálogo con el minimalismo, desde el diseño expositivo, la contundencia de las formas en el espacio, y de alguna forma, con el expresionismo al buscar constantemente el gesto humano sobre una tela. La evocación de lo sutil y lo inaprensible creo que podría ser lo que guía mi búsqueda poética.

- Hugo Petruchansky en 2004, escribió en el catálogo de la exposición Gigante (CCR) que tus trabajos “se distinguen, diferencian y son auténticas obras disponibles para ingresar como nuevas palabras al mundo.” ¿Pensás que la existencia de una obra significa un aporte más de todas las lecturas del mundo a través del lenguaje?

Si claro, por eso pinto y ¡por eso expongo! Me interesa mucho la comunicación, la posibilidad de despertar algún nuevo pensamiento, alguna nueva percepción, o al menos establecer algún diálogo posible con mis contemporáneos desde mis obras.

- ¿Podrías describir cómo fue tu trabajo de la pintura, los trazos y las capas en Inmenso? ¿Inmenso representa la última etapa de tu trabajo?

Las quince pinturas alineadas han sido primero fondos azules; luego el pigmento de plata mezclado con aceite ha pasado sobre esos azules y recién allí comenzaron las formas. Hay muchas capas de pintura en cada obra, y el gran pincel ha sido la constante al arrastrar/peinar el óleo al concluir cada pintura imprimiéndole la sensación de velocidad a las formas pintadas.

En los vidrios reproduzco y descompongo una pintura, cada vidrio tiene algo pintado y no todo se ve.

Las obras doradas han pasado por el mismo proceso de pintura de capas y capas de óleo, sólo que a ellas les ha tocado estar a la intemperie, y entrar en diálogo directo con las lluvias, la tierra y los pliegues, todo un proceso que se suma como una capa mas de pintura.

Inmenso representa mi última etapa de trabajo en diálogo con pinturas que presentaré en Buenos Aires en un mes, donde además de haber telas plegadas habrá pinturas cortadas, cortes y vacíos que dialogan con gestos cargados de materia.

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El aire entero

por Claudio Caldini, Galería Rubbers, Buenos Aires, 2010

Margarita Garcia Faure pinta después del fin de la pintura; también lo hace antes que el gesto reestablezca una figuración. El proceso de pintar es un movimiento expansivo del cual queda fijado apenas un instante. La técnica como reflejo parcial de una dinámica cósmica. La transparencia es el modo de ver de MGF, como queda demostrado en sus vidrios múltiples. En los lienzos de gran tamaño, la bruma reduce la intensidad luminosa y el color (o su ausencia) ofrece su carácter enigmático. Creemos ver paisajes en estas pinturas porque adivinamos las fuerzas que los constituyen como visiones: ondulación de la luz, agitación molecular, capas geológicas. Y si bajo la superficie aparece el trazo de un ornamento, como dice el cineasta Heinz Emigholz, es porque representa simbólicamente el transcurso temporal a través de su forma.

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